sábado, 16 de abril de 2016

Reflexión final (Mónica Izquierdo Caballero)

Construir humanidad.


Para comenzar a hablar de la inclusión educativa primero tenemos que tener una idea de qué significa dicho término, para ello recurrimos al Index for inclusión, donde Tony Booth y Ainscow lo definen como “el proceso que trata de garantizar el aprendizaje y participación de todo el alumnado en la vida del Centro Escolar”. Y nosotros como futuros maestros, debemos incidir en ese “todo el alumnado”, ya que dicho término no hace distinciones del mismo, es decir, hay que trabajar por un aprendizaje escolar para todos los niños teniendo en cuenta sus diferencias pero de manera positiva ya que éstas sean las que nos ayuden a prosperar y no de manera negativa, apartando las diferencias como si de algo malo se tratara, porque esto es lo que nos lleva al fracaso, y no solo al fracaso escolar como niños, sino como profesores.
En la definición que aporta la UNESCO de educación inclusiva, aparece una frase de vital importancia para la educación: “La educación es un derecho, no un privilegio”; Esto nos lleva a lo dicho anteriormente, todo niño debe tener una educación simplemente porque tiene derecho a ello, y las diferencias que existan no deben arrebatar ese derecho como hasta hace algunos años se hacía.
Hay que decir, que antiguamente las personas que tenían discapacidades, malformaciones, o algo que les hiciera diferentes a los demás, eran tratadas de una manera cruel; en algunas culturas, los niños “diferentes” eran tirados por un precipicio, en otras, se les abandonaba a su suerte en un bosque para ver si eran capaces de sobrevivir, y en la edad media se les tachaba de demonios. Y esto ha sido así hasta hace relativamente poco; en el S.XIX Jean Marc Gaspard Itard, un médico francés pionero de la educación especial y de la otorrinolaringología, empezó a avanzar sobre muchas incógnitas de este campo debido al caso de Víctor, un niño salvaje de Aveyron, al cual Itard (padre de la educación especial) le estudió para observar su comportamiento y su evolución, pero también le enseñó a comportarse como los humanos, fue un gran avance para la educación especial.
Hoy por hoy, seguimos luchando por una educación inclusiva, aunque también es cierto que hemos avanzado mucho en este campo; particularmente en España fueron pioneros Ponce de León y Juan Pablo Bonet (1800) y hubo varios avances como el Patronato Nacional de Sordomudos, Ciegos y Anormales (1921), el reconocimiento oficial de las necesidades de los niños retrasados mentales, La regulación de actividades del Ministerio de Educación Nacional en orden a la Educación Especial (1965), cursos de Pedagogía Terapéutica (1964), Introducción de la Educación Especial en el sistema general de educación, integración escolar (R.D. 334/1985) (LOGSE), entre otras muchas cosas. Aunque la palabra “anormales” y “retrasados mentales” hoy en día no se lleven a cabo o no estén bien vistas, en esa época era un reconocimiento muy importante y un gran avance para estas personas que ya pasaban a ser reconocidas por la sociedad, dejando a un lado eso de ser “demonios”. Ahora hablar de cursos de Pedagogía Terapéutica nos parece de lo más común y no nos suena para nada extraño, pero en 1964 era algo innovador, otro gran avance. Es importante también destacar la inclusión de la educación especial en el sistema educativo español, donde se empieza a hacer realidad lo que antes se citaba “la educación es un derecho y no un privilegio”.
Por lo tanto, podemos sacar de ello los valores necesarios como base para una educación inclusiva. Desde mi punto de vista, hay valores que debemos tener tanto para llegar hasta dicha educación como para todo lo demás, que son el respeto, la tolerancia, la solidaridad, la integridad, en definitiva “ser un poco más humanos”.
En cuanto al sistema educativo, pienso que se dejan llevar más por la política y la economía que por las carencias reales que muestra nuestra educación. Desde mi punto de vista, todos deberían tener el mismo currículum, porque de eso trata la inclusión, de que todos los niños estén incluidos en el aula, en este caso deberían estar incluidos en el mismo currículum. El que esto no sea así, nos hace ver que aquellos que tienen el poder de realizar los cambios desde dentro, que tienen el poder de llevarnos hacia una inclusión plena, no están por la labor; el hecho de que no estén todos incluidos en el mismo currículum ya es discriminar, separar a unos de otros por sus diferencias y para mí, eso no es inclusión.
Después de haber leído diferentes proyectos inclusivos, he de decir que en España se están realizando muchos proyectos y se está intentando avanzar mucho en el tema de la inclusión educativa y se lucha por una educación de calidad para todos; aunque no se ha logrado llevar a cabo la educación inclusiva como tal, en algunas comunidades como Castilla La Mancha están volcados en esta causa. Por ejemplo, en esta comunidad, todos los colegios deberán acoger a niños tanto sin discapacidad como con ella, dejando atrás los centros específicos que solo eran para aquellos con alguna discapacidad concreta.
No solo en España se habla de inclusión, sino que también nos encontramos con esta inquietud en diferentes países. Por ejemplo la OEI (Organización de Estados Iberoamericanos), está trabajando con los ministerios de educación para mejorar la calidad y llegar a la inclusión educativa; han desarrollado diferentes iniciativas como una red de escuelas inclusivas, una selección de buenas prácticas en 16 países iberoamericanos, capacitación y mejora de competencias de docentes en atención a la diversidad y la divulgación de conocimiento en dicho tema a través de publicaciones, materiales y seminarios.
Por lo que podemos decir que tanto en España como en otros países nos estamos acercando cada vez más a una educación de calidad y a una educación para TODOS.
Nosotros, como futuros maestros debemos proporcionar recursos, materiales, estrategias… para llevar a cabo una educación para todos en nuestra aula, somos o seremos una pieza muy importante de este puzzle y en nuestras manos está el poder avanzar y lograrlo, o quedarnos en la comodidad, en lo establecido. Hace poco, leí un libro titulado La nueva educación de Cesar Bona, un profesor español nominado al premio Global Teacher Prize por sus increíbles prácticas como docente. Hay muchas frases valiosas en dicho libro, pero hay una que debemos grabarnos a fuego como maestros: “Encontraremos piedras en el camino, pero compartir el mundo de los niños nos ayuda a entender que nada es imposible”, como maestros nos encontraremos con muchas dificultades, con niños muy diferentes, pero esos niños son los que nos harán saber que nada es imposible, porque ellos tienen la clave de nuestro éxito, debemos escucharles y entender lo que nos dicen sus señales para poder ofrecer a cada niño aquello que necesite y así llegaremos al éxito como maestros, dando a cada alumno lo que es necesario para que llegue a alcanzar los objetivos no solo escolares sino de la vida; por lo que no solo los maestros enseñamos a los alumnos, sino que éstos también tienen mucho que enseñarnos a nosotros.
No hay materiales, ni estrategias ni proyectos definidos, la clave está en escuchar a los niños, en pensar como ellos, en involucrarnos de tal manera que sepamos dar a cada niño aquello que grita en silencio y dejar que ellos nos enseñen como hacerlo de enseñar y aprender mutuamente.

Hay un tubo que une el adulto que somos con el niño que fuimos. Todos hemos sido niños o niñas. ¿Qué ocurre? Que a menudo se nos olvida.
(Cesar Bona)

A veces hay que regresar a la infancia para empatizar con nuestros alumnos, recordar lo que nos gustaba, que sentíamos, y poder así actuar con nuestros alumnos. Todos somos diferentes, sí, pero no es algo negativo, como nos enseña el cuento El cazo de Lorenzo, todos tenemos nuestras diferencias, nuestras “cargas” pero por ello no somos peores a los demás, tenemos que aprender a vivir con ellas, a saber que están ahí y cuando lo aceptemos, dejarán de ser “cargas” para nosotros. Esto también está reflejado en la película Al frente de la clase, donde el protagonista acepta el síndrome que tiene y lo ve como algo normal que no le impide conseguir sus metas ni realizar su día a día, pero otras personas ven su síndrome como un problema por lo que no lo aceptan y no creen que pueda conseguir sus metas, finalmente el protagonista da una lección a todos y consigue su meta, ser maestro.
En la película nombrada anteriormente, podemos observar las estrategias y métodos que utiliza el protagonista para ser incluido a sí mismo en una clase y esto, como advertíamos en algún párrafo anterior, va ligado a los niños, a escucharles.

“Educar es precisamente promover lo humano y construir humanidad”.
(Phillip Merieu)

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