REFLEXIÓN BLOQUES II Y III
“No todos
somos iguales” , como dijo Howard Gardner en su entrevista con Eduardo Punset,
toda aquella persona con vocación para la enseñanza debe partir desde esta
base, es decir, cada uno de nosotros somos diferentes y esas diferencias son
las que nos hacen especiales y aportan ese matiz de personalidad.
Una vez interiorizado este concepto, podemos
entender y caminar hacia la inclusión por diversas sendas, una de ellas son las
Inteligencias Múltiples. El objetivo o
finalidad de esta teoría no es otra que reconducir la educación hacia una
formación y enseñanza especializada en cada discente, un proceso de
enseñanza-aprendizaje que nos permita descubrir cuáles son las pasiones de cada
uno y de qué manera interiorizan mejor los conocimientos, y una vez llegados a
este punto, continuar con nuestra labor como docentes. Para ello, es
imprescindible hacer y tener presentes las tres fases que Mel Ainscow creó para
llevar a cabo un magnífico proceso de inclusión; es decir, hacer a los niños
presentes en las aulas y colegios, hacerlos partícipes de todo el proceso y
promover el aprendizaje de cosas útiles. Para alcanzar estos ideales es
imprescindible el cambio por parte del equipo docente; un cambio que
genere nuevas actitudes, apoyos, investigaciones por parte del profesorado y,
sobre todo, que cambie la visión del docente puesto que este ha de convertirse
en un guía del aprendizaje, que desarrolle la autonomía e independencia de su
alumnado, y no en una simple figura de autoridad.
Para atender
las necesidades educativas de todos los alumnos de un centro educativo, los
profesores no sólo deben tener en cuenta si sus alumnos tienen alguna discapacidad,
sino que también han de
tener muy presentes los principios generales, los cuales son: el principio de
inclusión, principio de normalización, principio de personalización y principio
de igualdad de oportunidades.
Además, deben encargarse de desarrollar estrategias
y programas que promuevan las interacciones sociales positivas entre los
alumnos con capacidades diferentes y los alumnos corrientes y que favorezcan un
clima de aceptación y respeto mútuo.
Según
Ángeles Parrilla (1992), se han experimentado tres tipos de programas:
(1)
Programas para enseñar y desarrollar las habilidades sociales apropiadas a los
alumnos con discapacidades, los cuales, como es lógico, han de aprender –y, por
lo tanto, se les debe enseñar de forma explícita y sistemática– a relacionarse
con las otras personas (compañeros y adultos) de forma adecuada.
(2)
Programas para enseñar y motivar a los alumnos corrientes a participar
activamente en la integración de sus compañeros discapacitados. También los
alumnos corrientes han de aprender –y se les ha de enseñar de forma explícita y
sistemática– a conocer a sus compañeros con alguna discapacidad y a
relacionarse con ellos de forma adecuada, de la misma manera que se les enseña
cómo han de relacionarse correctamente con sus compañeros sin discapacidad y
con las personas adultas. Y, finalmente,
(3)
programas para promover y optimizar la interacción entre iguales de los alumnos
con capacidades diferentes y de los alumnos corrientes: unos y otros sólo
podrán poner en práctica las habilidades sociales que les hemos enseñado en la
medida que tengan la ocasión de compartir de forma continuada espacios,
tiempos, actividades, tanto fuera del aula como dentro de ella, que, por otra
parte, es la mejor forma de aprenderlas. Se trata de tres tipos de programas
complementarios: difícilmente la socialización del alumnado se consolidará si
no se llevan a cabo estrategias englobadas en los tres tipos de programas que
acabo de citar. Veamos, aunque forzosamente sólo sea de forma muy sucinta, con
un poco más de detalle, qué es lo que podemos hacer.
Además,
esto conlleva una implicación por parte de los profesionales de un centro
educativo, una vez somos conscientes y realistas con que cada miembro del
centro es diferente y único, el siguiente paso que debemos dar será la adaptación
a cada uno de ellos y en especial a las necesidades que éstos nos muestren, de
tal manera que incluyamos a cada discente en el mismo aula, en el mismo
proceso, en el mismo objetivo pero por un camino o metodología mayormente
diferente. Esto a su vez, nos lleva a trabajar las emociones por parte del
profesorado, éste deberá ser sensible y tomar esas diferencias como una
fortaleza, no sólo para el propio individuo sino para todos los demás
compañeros, ya que será muy bueno para el aprendizaje de todos puesto que
aportará conocimientos y habilidades que muchos desconocen. Para que esto
suceda, debemos comprender, respetar y responder a las diversidades sociales,
culturales e individuales. También es muy importante que los profesores
trabajen conjuntamente con el personal de apoyo y con las familias,
especialmente con los padres y hermanos para que estos sepan como comportarse y
como pueden ayudar a estos en casa. Además, deben ser muy atentos con todos los
alumnos y hacer las adaptaciones curriculares oportunas, para que estos niños
no se sientas frustrados e incomprendidos.
Para llevar
a la realidad los centros inclusivos, deberíamos hacer muchos cambios, ya que
pensamos que todavía falta mucho camino para lograrlo. En primer lugar
empezando por cambiar la mentalidad tanto de los maestros como de las familias,
ya que aún pensamos que somos iguales entre nosotros y si eso no es así,
significa que hay problemas y dificultades, y no somos capaces de aceptar que
las personas somos diversas y que cada uno de nosotros aprendemos a un ritmo
diferente y tenemos distintos puntos fuertes y débiles, pero eso no significa
que seamos “tontos” o “torpes”. En segundo lugar deberíamos dejar de sacar a
los niños con necesidades fuera del aula, ya que de esa manera lo único que conseguimos
es apartarle de sus compañeros, hacerle sentir “marginado”, “raro” y que pierda el hilo de la clase. También
deberíamos dejar de crear centros de niños con necesidades especiales, ya que
con eso lo que conseguimos es aislarles de la sociedad y de la realidad, y creo
que a ninguno nos gustaría sentirnos de ese modo, así que como algún autor
propone, en casos muy grave lo que se haría es crear el centro de necesidades
especiales en los mismos centros ordinarios, así todos se relacionarían y serían
cubiertas sus necesidades. También debemos inculcar valores y enseñar a todos
los alumnos a ser tolerantes y respetuosos ante la diversidad. Sería productivo
que los padres pudieran participar en el aula, pudiendo involucrarse cuando
quisieran y pudieran en las clases, para que de esta manera aprendieran a
trabajar con sus hijos y también para que estuvieran más seguros y tranquilos con
lo que se hace en el centro.
Hoy en día
existen diferentes modelos de inclusión, como el caso de la inclusividad en Andalucía,
el caso de la inclusividad en Aragón, el caso de la inclusividad en las Islas
Baleares, el caso de la inclusividad en las Islas Canarias, el caso de la
inclusividad en Castilla-La Mancha, el caso de la inclusividad en Castilla y
León, el caso de la inclusividad en Extremadura y otros programas como las
escuelas de bienvenida, planes de acogida, El Proyecto Madrid: Éxito para
todos, el programa MUS-E y el programa INDIE. También está el “INDEX FOR
INCLUSIÓN” que se ha puesto en práctica en varios países.
El Índex es
un conjunto de materiales diseñados para facilitar el desarrollo de una
educación inclusiva en nuestros centros escolares y cuyo objetivo es construir
comunidades escolares colaborativas que fomenten en todo el alumnado altos
niveles de logro. El Índex ha sido
elaborado durante tres años por un equipo de docentes, padres, miembros de
consejos escolares, investigadores y un representante de las asociaciones de
discapacidad con amplia experiencia en iniciativas de desarrollo de formas de
trabajo más inclusivas. Nosotras pensamos que actualmente se podrían aplicar
todos los modelos, pero lo que nosotras haríamos sería tomar todos los modelos
como referencia y formaríamos uno solo en cada centro que englobara tanto las
diferencias físicas, como psíquicas, intelectuales, culturales, religiosas,
etc. De esta manera englobaríamos las necesidades de todos los alumnos.
Hoy en día
disponemos de los materiales y estrategias para la perspectiva de la escuela
inclusiva, ya que tenemos muchísima información y deberíamos ponerla en
práctica. Como por ejemplo las inteligencias múltiples, que consisten en
valorar las cualidades de cada niño, ya que uno puede ser malo en matemáticas
pero buenísimo en música, y eso hay que valorarlo, y no despreciarlo valorando
solo al que es inteligente en matemática o legua, ya que ser inteligente es
también saber desenvolverse en la vida, teniendo valores afectivos y sociales;
las notas no demuestran que un niño sea inteligente o que vaya o no a fracasar
en la vida. También disponemos de aulas de apoyo para los alumnos que presentan
carencias. Para los niños que desconocen el idioma empleamos la inmersión
lingüística, que es un modelo barato pero que para el alumno no es nada fácil, ya
que lo introduces en una clase en la que desconoce todo y no puede comunicarse
para pedir o expresar lo que quiere. Además la mayoría de los centros tienen
especialistas para atender las necesidades de sus alumnos, como es el PT y el
AL.
En las
escuelas inclusivas, el currículum y las adaptaciones curriculares son
esenciales para atender la diversidad de los alumnos, ya que este tiene que
ajustarse sus necesidades. Para hacer que los centros cambien a una visión
inclusiva, deberíamos trabajar todos juntos, teniendo en cuenta al niño y a sus
necesidades, y no a las notas que este saque.
La
educación inclusiva no es incompatible con la educación de calidad, sino todo
lo contrario, se esta luchando por ello, ya que si nos ajustamos a las
necesidades de nuestros alumnos es entonces cuando realmente ellos van a
aprender.
Para hacer
una escuela más participativa deberíamos implicar también a los alumnos,
dándoles papeles como el rol de profesor al mejor de la clase para que este
ayude al resto de sus compañeros y estos puedan hacerle preguntas con confianza,
o el rol de “ amigo del profesor“ para que ayuden a los profesores con lo que
estos necesiten, o que ellos mismos hagan reuniones y nos hagan propuestas de
aprendizaje y mejora.
Y, por supuesto no olvidar que cada niño, cada
profesor y cada persona es diferente, es especial, y por ello todos tienen el
mismo derecho de ser INCLUIDOS en nuestra sociedad, en concreto, en los centros
educativos y en el proceso de enseñanza-aprendizaje del que formaremos parte en
un futuro.
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