viernes, 1 de abril de 2016

"No todos somos iguales"

REFLEXIÓN BLOQUES II Y III

“No todos somos iguales” , como dijo Howard Gardner en su entrevista con Eduardo Punset, toda aquella persona con vocación para la enseñanza debe partir desde esta base, es decir, cada uno de nosotros somos diferentes y esas diferencias son las que nos hacen especiales y aportan ese matiz de personalidad.
 Una vez interiorizado este concepto, podemos entender y caminar hacia la inclusión por diversas sendas, una de ellas son las Inteligencias Múltiples. El objetivo  o finalidad de esta teoría no es otra que reconducir la educación hacia una formación y enseñanza especializada en cada discente, un proceso de enseñanza-aprendizaje que nos permita descubrir cuáles son las pasiones de cada uno y de qué manera interiorizan mejor los conocimientos, y una vez llegados a este punto, continuar con nuestra labor como docentes. Para ello, es imprescindible hacer y tener presentes las tres fases que Mel Ainscow creó para llevar a cabo un magnífico proceso de inclusión; es decir, hacer a los niños presentes en las aulas y colegios, hacerlos partícipes de todo el proceso y promover el aprendizaje de cosas útiles. Para alcanzar estos ideales es imprescindible el cambio por parte del equipo docente; un cambio que genere nuevas actitudes, apoyos, investigaciones por parte del profesorado y, sobre todo, que cambie la visión del docente puesto que este ha de convertirse en un guía del aprendizaje, que desarrolle la autonomía e independencia de su alumnado, y no en una simple figura de autoridad.
Para atender las necesidades educativas de todos los alumnos de un centro educativo, los profesores no sólo deben tener en cuenta si sus alumnos tienen alguna discapacidad, sino que también han de tener muy presentes los principios generales, los cuales son: el principio de inclusión, principio de normalización, principio de personalización y principio de igualdad de oportunidades.
Además, deben encargarse de desarrollar estrategias y programas que promuevan las interacciones sociales positivas entre los alumnos con capacidades diferentes y los alumnos corrientes y que favorezcan un clima de aceptación y respeto mútuo.

Según Ángeles Parrilla (1992), se han experimentado tres tipos de programas:
(1) Programas para enseñar y desarrollar las habilidades sociales apropiadas a los alumnos con discapacidades, los cuales, como es lógico, han de aprender –y, por lo tanto, se les debe enseñar de forma explícita y sistemática– a relacionarse con las otras personas (compañeros y adultos) de forma adecuada.
(2) Programas para enseñar y motivar a los alumnos corrientes a participar activamente en la integración de sus compañeros discapacitados. También los alumnos corrientes han de aprender –y se les ha de enseñar de forma explícita y sistemática– a conocer a sus compañeros con alguna discapacidad y a relacionarse con ellos de forma adecuada, de la misma manera que se les enseña cómo han de relacionarse correctamente con sus compañeros sin discapacidad y con las personas adultas. Y, finalmente,
(3) programas para promover y optimizar la interacción entre iguales de los alumnos con capacidades diferentes y de los alumnos corrientes: unos y otros sólo podrán poner en práctica las habilidades sociales que les hemos enseñado en la medida que tengan la ocasión de compartir de forma continuada espacios, tiempos, actividades, tanto fuera del aula como dentro de ella, que, por otra parte, es la mejor forma de aprenderlas. Se trata de tres tipos de programas complementarios: difícilmente la socialización del alumnado se consolidará si no se llevan a cabo estrategias englobadas en los tres tipos de programas que acabo de citar. Veamos, aunque forzosamente sólo sea de forma muy sucinta, con un poco más de detalle, qué es lo que podemos hacer.
Además, esto conlleva una implicación por parte de los profesionales de un centro educativo, una vez somos conscientes y realistas con que cada miembro del centro es diferente y único, el siguiente paso que debemos dar será la adaptación a cada uno de ellos y en especial a las necesidades que éstos nos muestren, de tal manera que incluyamos a cada discente en el mismo aula, en el mismo proceso, en el mismo objetivo pero por un camino o metodología mayormente diferente. Esto a su vez, nos lleva a trabajar las emociones por parte del profesorado, éste deberá ser sensible y tomar esas diferencias como una fortaleza, no sólo para el propio individuo sino para todos los demás compañeros, ya que será muy bueno para el aprendizaje de todos puesto que aportará conocimientos y habilidades que muchos desconocen. Para que esto suceda, debemos comprender, respetar y responder a las diversidades sociales, culturales e individuales. También es muy importante que los profesores trabajen conjuntamente con el personal de apoyo y con las familias, especialmente con los padres y hermanos para que estos sepan como comportarse y como pueden ayudar a estos en casa. Además, deben ser muy atentos con todos los alumnos y hacer las adaptaciones curriculares oportunas, para que estos niños no se sientas frustrados e incomprendidos.
Para llevar a la realidad los centros inclusivos, deberíamos hacer muchos cambios, ya que pensamos que todavía falta mucho camino para lograrlo. En primer lugar empezando por cambiar la mentalidad tanto de los maestros como de las familias, ya que aún pensamos que somos iguales entre nosotros y si eso no es así, significa que hay problemas y dificultades, y no somos capaces de aceptar que las personas somos diversas y que cada uno de nosotros aprendemos a un ritmo diferente y tenemos distintos puntos fuertes y débiles, pero eso no significa que seamos “tontos” o “torpes”. En segundo lugar deberíamos dejar de sacar a los niños con necesidades fuera del aula, ya que de esa manera lo único que conseguimos es apartarle de sus compañeros, hacerle sentir “marginado”, “raro” y  que pierda el hilo de la clase. También deberíamos dejar de crear centros de niños con necesidades especiales, ya que con eso lo que conseguimos es aislarles de la sociedad y de la realidad, y creo que a ninguno nos gustaría sentirnos de ese modo, así que como algún autor propone, en casos muy grave lo que se haría es crear el centro de necesidades especiales en los mismos centros ordinarios, así todos se relacionarían y serían cubiertas sus necesidades. También debemos inculcar valores y enseñar a todos los alumnos a ser tolerantes y respetuosos ante la diversidad. Sería productivo que los padres pudieran participar en el aula, pudiendo involucrarse cuando quisieran y pudieran en las clases, para que de esta manera aprendieran a trabajar con sus hijos y también para que estuvieran más seguros y tranquilos con lo que se hace en el centro.
Hoy en día existen diferentes modelos de inclusión, como el caso de la inclusividad en Andalucía, el caso de la inclusividad en Aragón, el caso de la inclusividad en las Islas Baleares, el caso de la inclusividad en las Islas Canarias, el caso de la inclusividad en Castilla-La Mancha, el caso de la inclusividad en Castilla y León, el caso de la inclusividad en Extremadura y otros programas como las escuelas de bienvenida, planes de acogida, El Proyecto Madrid: Éxito para todos, el programa MUS-E y el programa INDIE. También está el “INDEX FOR INCLUSIÓN” que se ha puesto en práctica en varios países.
El Índex es un conjunto de materiales diseñados para facilitar el desarrollo de una educación inclusiva en nuestros centros escolares y cuyo objetivo es construir comunidades escolares colaborativas que fomenten en todo el alumnado altos niveles de logro.  El Índex ha sido elaborado durante tres años por un equipo de docentes, padres, miembros de consejos escolares, investigadores y un representante de las asociaciones de discapacidad con amplia experiencia en iniciativas de desarrollo de formas de trabajo más inclusivas. Nosotras pensamos que actualmente se podrían aplicar todos los modelos, pero lo que nosotras haríamos sería tomar todos los modelos como referencia y formaríamos uno solo en cada centro que englobara tanto las diferencias físicas, como psíquicas, intelectuales, culturales, religiosas, etc. De esta manera englobaríamos las necesidades de todos los alumnos.
Hoy en día disponemos de los materiales y estrategias para la perspectiva de la escuela inclusiva, ya que tenemos muchísima información y deberíamos ponerla en práctica. Como por ejemplo las inteligencias múltiples, que consisten en valorar las cualidades de cada niño, ya que uno puede ser malo en matemáticas pero buenísimo en música, y eso hay que valorarlo, y no despreciarlo valorando solo al que es inteligente en matemática o legua, ya que ser inteligente es también saber desenvolverse en la vida, teniendo valores afectivos y sociales; las notas no demuestran que un niño sea inteligente o que vaya o no a fracasar en la vida. También disponemos de aulas de apoyo para los alumnos que presentan carencias. Para los niños que desconocen el idioma empleamos la inmersión lingüística, que es un modelo barato pero que para el alumno no es nada fácil, ya que lo introduces en una clase en la que desconoce todo y no puede comunicarse para pedir o expresar lo que quiere. Además la mayoría de los centros tienen especialistas para atender las necesidades de sus alumnos, como es el PT y el AL.
En las escuelas inclusivas, el currículum y las adaptaciones curriculares son esenciales para atender la diversidad de los alumnos, ya que este tiene que ajustarse sus necesidades. Para hacer que los centros cambien a una visión inclusiva, deberíamos trabajar todos juntos, teniendo en cuenta al niño y a sus necesidades, y no a las notas que este saque.
La educación inclusiva no es incompatible con la educación de calidad, sino todo lo contrario, se esta luchando por ello, ya que si nos ajustamos a las necesidades de nuestros alumnos es entonces cuando realmente ellos van a aprender.
Para hacer una escuela más participativa deberíamos implicar también a los alumnos, dándoles papeles como el rol de profesor al mejor de la clase para que este ayude al resto de sus compañeros y estos puedan hacerle preguntas con confianza, o el rol de “ amigo del profesor“ para que ayuden a los profesores con lo que estos necesiten, o que ellos mismos hagan reuniones y nos hagan propuestas de aprendizaje y mejora.

 Y, por supuesto no olvidar que cada niño, cada profesor y cada persona es diferente, es especial, y por ello todos tienen el mismo derecho de ser INCLUIDOS en nuestra sociedad, en concreto, en los centros educativos y en el proceso de enseñanza-aprendizaje del que formaremos parte en un futuro.

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