viernes, 26 de febrero de 2016

Abriendo puertas

Actualmente vivimos en una sociedad en desarrollo en cuanto al sistema educativo, más concretamente en la metodología de la inclusión. Es cierto, y por tanto necesario, mencionar el gran avance socio-educativo que hemos sufrido con el paso de los años y, por su puesto, el que nos queda por sufrir.

Tristemente, hoy en día, no gozamos del privilegio de vivir en una sociedad inclusiva, es más, vivimos en una sociedad en la que se excluye a las personas por su situación económica, raza, religión y diferencias tanto físicas como psíquicas. Todo ello conlleva un enfrentamiento de la sociedad en el que nosotros, como docentes, debemos mediar enseñando a nuestros alumnos a respetar el mundo y las personas que lo rodean alcanzando un mayor nivel de humanidad e igualdad. Todos formamos parte de un mismo mundo y, por tanto, todos debemos ser capaces de aceptar y conocer nuestras diferencias. Con la práctica de todos estos conceptos nos encaminaríamos aún más hacia una sociedad totalmente inclusiva.

Una frase de la UNESCO que hace referencia a lo que queríamos explicar en las líneas anteriores, y que nos parece esencial como futuras maestras, es: “Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz”, es decir somos los seres humanos aquellos que incitamos y provocamos la exclusión y los desastres que ésta causa, por lo tanto, debemos enseñar y educar a dichos humanos, de los cuales nosotros formamos parte, con los valores necesario para alejarse de esa exclusión y las disputas que ello conlleva.

 Años atrás en nuestras aulas no existía el concepto de “integración” y mucho menos el de “inclusión”. Éramos partícipes de una educación exclusiva en la cual los derechos para estudiar y forjar una vida laboriosa y rica en conocimientos estaban sólo al alcance de aquellos niños “normales”, es decir, sin ningún tipo de deficiencia física o psíquica. La exclusión consistía en prohibir la entrada y el alcance a la educación para este minoritario grupo de la sociedad. Hay que hacer hincapié en la rigidez y la falta de educación individualizada que encontrábamos, en épocas pasadas en las aulas.

 Con el avance del tiempo, la tecnología, la sociedad y la ruptura de tradiciones y “generaciones”, el proceso de enseñanza-aprendizaje se vio envuelto dentro de una metodología de segregación cuya finalidad era agrupar a todos los niños dentro de un mismo centro, y a su vez, aquellos que tuvieran algún tipo de déficit formarían un nuevo equipo que estaría en otro aula fuera de contacto con todos aquellos discentes catalogados como “normales”. ¿Qué clase de educación queríamos enseñar entonces? El objetivo de los doscentes seguía, por tanto, la misma línea que antaño. Una educación basada en objetivos y metas centradas puramente en el saber y muy alejada de la educación emocional o en valores. Si es cierto que para entonces todos tenían la oportunidad de aprender, pero su futuro estaba escrito una vez eran “etiquetados”. Digamos que para entonces la educación sólo estaba al alcance de unos pocos, dejaba de ser un derecho y necesidad universal para convertirse en el privilegio de aquellas familias cuya salud psíquica y física fuera magnífica.

 ¿Cómo llegamos hasta hoy en día? ¿Inclusión? ¿Avance? Pese a que en ocasiones creamos que estamos sufiendo un retroceso tanto educativo como social, el avance en la tecnología, pedagogía, educación y medicina ha permitido que todos los niños tengan derecho a una educación, y escolarización, básica. INCLUIR a cada niño, clasificados actualmente por su rango de edad, en un aula con compañeros los cuales tienen características similares y diferentes a ellos, produce una mejora en el desarrollo de la infante y le aporta la oportunidad de lanzarse a conocer cómo son las relaciones sociales y cómo son nuestros iguales. INCLUIR y hacer PARTÍCIPES a todos los niños del aula es el camino que ha tomado la escuela en esta década. Hemos dejado a un lado conceptos marginales para dar pie a la oportunidad, al cambio, al avance, progreso, desarrollo y mejora de todos y cada uno de los alumnos que se encuentren en nuestro aula.

 Durante todo este largo tiempo hemos ido estudiando y trabajando diferentes metodologías, estrategias y recursos entre los que destacaríamos el trabajo por rincones y la educación individualizada. ¿Está claro, verdad? Si queremos que todos los niños tengan las mismas oportunidades, habrá que ofrecerles los mismo materiales y el mismo tiempo que a los demás siendo totalmente conscientes y consecuentes de las características y habilidades que posee dicho infante. El artículo nos propone nuevas metas que alcanzar y las herramientas necesarias para llegar hasta ellas puesto que lo que hoy empezamos a denominar “inclusión” no deja de ser una integración muy evolucionada, es decir, un agrupamiento de todos los niños en un mismo aula pero haciendo distinción de aquellos que no son “normales” en alguna sesión, bien sea sacándole del aula, trabajando de manera individual con él mientras los demás compañeros participan en actividades grupales o aportándole un material muy inferior a sus necesidades. Existe la necesidad, por tanto, de plasmar el progreso de la sociedad y educación durante todo este tiempo, y a su vez, la esperanza de alcanzar esta “INCLUSIÓN” en las aulas, esta inclusión que no trate la igualdad sino la EQUIDAD. Llegar hasta una educación de iguales, por iguales, entre iguales, una educación donde reinen las oportunidades y la diversidad.

 Para que esto sea posible no sólo hay que educar en valores a docentes y padres de familia, sino que hay que conseguir reeducar a la sociedad, romper con tradiciones exclutorias y llegar hasta un rendimiento óptimo del niño en el cual sea vea tal y como es una persona con las mismas oportunidades, metas, objetivos y trabajo que aquellas que le rodean.

 A su vez,para dar por finalizada esta reflexión acerca de la exclusión basada, en parte, en el texto de Echetia,  podemos observar los diferentes modelos de educación que surgieron en EEU y de los cuales podemos extraer herramientas que poner en marcha en nuestro sistema educativo. Los tres principios de estas “Escuelas Aceleradas”, que daban especialmente la oportunidad de formar parte del sistema niños procedentes de grupos sociales desfavorecidos, eran:

-          Relacionar los esfuerzos de padres, profesores, directores, alumnos, administradores y la comunidad local para alcanzar un esfuerzo común.

-          Implicar a todos los miembros en las principales decisiones que han de tomarse en el centro de tal manera que la responsabilidad de compartirlas y desarrollarlas sea de todos.

-          Construir la escuela compartiendo y utilizando recursos de la comunidad.

El cambio está en nuestra mano como futuros docentes, padres de familia y sobre todo, en nuestra mano como estudiantes de luchar por este más que cambio, gran avance en la educación, del cual nos encontramos aún muy alejados pero en el camino correcto. No debemos olvidar que luchar por nuestros derechos y los de aquellos que forman parte del mismo sistema que nosotros será lo que nos haga llegar lejos. Las mismas oportunidades, las mismas miradas y las mismas sillas. Porque todos somos iguales, lejos de la exclusión, inclusión, segregación e integración somos “seres humanos”, y esas raíces no debemos olvidarlas jamás. Menos aún en este precioso camino hacia una educación EQUITATIVA.PARA TODOS.





“Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz”


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